La Comunidad Valenciana .-
Comunidad Valenciana es, ante todo, un contraste salvaje. Alicante, Valencia y Castellón no son un bloque uniforme. Son tres formas muy distintas de entender el territorio.
En Castellón la verdadera joya latente está tierra adentro. El Maestrat y la comarca dels Ports son pura piedra,
masías aisladas y un silencio de montaña que impone.
Con lugares fríos y picos muy altos, como es el caso del Peñagolosa.
Pueblos como Morella, colgada en su muela de roca, te recuerda que por aquí pasaron íberos, romanos y árabes dejando una huella que no se borra con los siglos.
El litoral es en algunos casos de fina arena , pero sobre todo de pequeñas piedras sueltas que el mar compacta. Tiene muchas pequeñas calas y playas extensas como Peñíscola, Benicasim, etc
Hacia Valencia cambia la luz es mucho mas suave el clima, mas calurosa y con un sol intenso.
En Valencia el agua lo domina todo. Desde el sistema de riegos de la Vega del Turia que los musulmanes perfilaron con maestría —y que aún hoy regula el Tribunal de las Aguas en la puerta de la Catedral— hasta la calma tibia de la L’Albufera.
Pero Valencia no se entiende solo con la vista; se entiende con el olfato, toda celebración sea grande o pequeña nos gusta hacerla saber, y no hay nada mejor que una «Traca» un castillo de fuegos artificiales o una buena Mascletá. Eso deja en el aire olor a pólvora, muy característica de casi todas las ciudades de o pueblos de Valencia, sobre todo el el litoral.
Y si hablamos de carácter, no hay mejor termómetro social que la liturgia del esmorzaret. Antes que nada hay que decir que eso se comparte en toda la comunidad, sobre las diez de la mañana, da igual si eres obrero, arquitecto o estudiante: te sientas a la mesa a compartir un bocadillo de dimensiones épicas, sus cacahuetes
del collonet, los encurtidos y ese trago final de cremaet que te reanima el alma.
Es nuestra forma de parar el tiempo. de conversar, si vas solo de observar…es un momento especia.
De una forma tan ritual no se suele hacer todos los días, pero los fines de semana, las reuniones con amigos, familias etc, eso si se merece un buen esmorzaret, y en los últimos años se ha creado toda una cultura en su nombre
En Alicante, al sur se rompe de nuevo el paisaje. El interior alicantino es abrupto, terreno de bancales de piedra seca, olivos milenarios y valles como el de Jalón o Guadalest.
La costa, con el Peñón de Ifach vigilando el horizonte, evidencia un dinamismo comercial y marinero que hunde sus raíces en la antigua Lucentum romana y en la tradición pesquera de puertos como Santa Pola o Dénia.
Somos una tierra fronteriza, de paso y de asentamiento, donde los contrastes son muy notables, con una lengua propia que articula nuestra manera de nombrar las cosas, pero que no impide la comunicación con el resto de la península..
Yo diría en general que es una tierra acogedora, donde merece la pena hacer una escapada.
